Oh mi vida, qué fastidio es estar vivo. 
Eh déjame corregirte no soy uno de ustedes débiles que sienten un poco de fastidio de estar vivo y ya se quieren quitar la vida, en ningún modo soy parecido a ustedes además del estar vivo y respirar.

Bueno comencemos explicándoles qué soy, porque claramente no soy un patético ser humano. Soy un gato, si eso un gato muy cansado de la vida en la que estoy, mis dueños me dan de comer 4 veces al día y duermo unas 18 horas pero igual qué cansancio ser un gato!

¿Qué acaso os parece muy descarado de mi parte decirlo? Pues no me podría importar menos la opinión de esclavos a los que no entiendo, siempre andan como tontos corriendo de un lado para otro, cuán fácil es estar quieto y vigilar si ese pequeño ratón que vive en todas las casas del mundo intenta salir.
Además se colocan más trapos para taparse ¡Con las calores que hacen siempre! Yo vine con un traje isotérmico incluido y voy de lo mejor eh.

Bueno la verdad es que estoy aquí porque deseo narrarles qué sucedió cada vez que me salía de mi casa a buscar las aventuras. Si aunque no lo crean yo un ser tan superior a ustedes también tuve mi época de buscar las aventuras con las que todos sueñan pero pocos alcanzan.

Al caer la noche mi sentido felino me indicó que ya era hora de correr por los tejados de esta ciudad para asistir a las reuniones del clan de la zarpa, si por si no lo sabían nosotros los gatos somos mucho más organizados que ustedes, tenemos lo que ustedes llaman democracia pero de forma perfecta, fuimos bendecidos con la inteligencia promedio alta por lo que no hay tantos idiotas como para hacer una diferencia real en nuestras votaciones.

Me salí por la ventana como siempre, mis sirvientes eran muy pacientes en cuestión a otros felinos a los cuales sus sirvientes molestaban demasiado con no permitirles salir ¡Qué tontería! ¿Cómo un felino se deja mandar de unos sirvientes?
Subí por la pequeña escalerilla que daba hacia el techo y he aquí mi fastidioso conflicto de todas las noches, el humano inmundo y fastidioso que odia a nuestra gloriosa especie, siempre coloca trampas de deliciosa comida envenenada para que la comamos y nos vayamos al Elysum (El cielo de los animales) aunque claro no siempre deseamos ascender, hay demasiadas cosas interesantes que hacer aquí –Obviando que sigue siendo muy fastidioso vivir- simplemente opto por ignorar esa repugnante oferta de ascender al cielo y sigo con mi camino, al parecer este lugar es peligroso para los sirvientes, pues son demasiado pesados y no tienen la gracia con la que camina mi especie como para mantenerse equilibrados en lugares relativamente angostos.

En mi caminar me encuentro con Javi (El del nombre ridículo, sus sirvientes le llamaban “Misifú” aún y cuando es macho) me saluda con la cortesía digna de un felino y me acompaña hasta la reunión del clan. Me encuentro a todos los felinos, entre ellos María (Cuyo nombre era Luna), con Alberto (Cuyo nombre era Santi), con Juan (A quién le conocíamos como el turco) entre muchos otros que me da pereza mental comentar. Me siento con mi clásica sonrisa mostrando mis colmillos estúpidamente afilados.
Aparece el líder llamado Marcus (Él no tenía nombre pues era un gato independiente) se sentó y se lamió las patas con mucha clase y luego sus pupilas dilatadas nos observaron con alegría mientras nos comentaba lo que se comió el día de ayer, sinceramente sus conversaciones se me hacían pesadas, siempre he sido alguien que sueña con las altas esferas gatunas para conversar de temas interesantes como ¿Cuál es la mejor posición para dormir? ¿Cómo obtener el control de los sirvientes para que no molesten? Entre muchas otras cuestiones que afectan al mundo glorioso de los intelectuales felinos.

Ellos hablan de temas varios, hasta que de repente llega la gata más hermosa que mis amarillos ojos han visto, era de figura perfecta con una coloración perfecta de castaño con dorado. Ella era Samanta (La cual era conocida como lucía por sus sirvientes) no podría describir lo anonadado que quedaba al verla, ella lo era todo y a la vez nada. Pero bueno tampoco hay que exagerar un gato con tal clase como yo no babea con facilidad por cualquier gata, sin embargo había algo en sus ojos que me dejaba atónito por segundos mientras la veía llegar.

Pero había algo que me preocupaba muy al fondo y es que Marcus se quedaba igual que yo al verla, y eso no podía permitirlo aunque no fuese mía pues no me interesaba hablar con ella sólo admirarla no podía permitir que Marcus intentase nada, él no era un mal tipo pero soy un egoísta qué más puedo decir.

La reunión seguía con normalidad, maullamos tranquilamente y seguíamos un protocolo interesante sobre el movimiento de los perros en las calles, ugh esos animales repugnantes, eran todo lo contrario a nuestra aristocracia pura, ellos eran tiranía “La ley del más fuerte” y esos sistemas anticuados de seres primitivos, de vez en cuando nos colocabamos en las orillas de los techos a maullar para que peleasen debajo de nosotros “intentando” alcanzarnos. Era muy divertido verles.

La reunión terminó y yo me encaminé hacia mi hogar, era casi el amanecer así que decidí tomar mis 18 horas habituales de sueño, no puedo mantener esta figura esbelta sin cuidarme obvio.

Mis sirvientes decidieron hacer una travesía por unos países y me dejaron en la casa con mucha comida y agua, mi arenero estaba hermoso cuando ellos se fueron, caminé hasta la ventana y me quedé mirando el infinito, y de repente se me cruzó por la mente la imagen de Samanta, su pelaje bien cuidado y esos hermosos ojos que me dejaban “perro” (Por referirme a imbécil) durante momentos me enloquecían pero aún así no me interesaba ella, sólo sus rasgos finos.

Sigo recalcando que soy un gato y los preceptos morales que los humanos puedan tener para mi están en mi caja de arena (Es decir, me importan una mierda) sólo que por supuesto un animal de tanta alcurnia no podría decir una grosería o un improperio, es muy fuera de mi rango.

Llegaba la noche y las estrellas brillaban y decidí faltar a la reunión del clan, sabía que todos me extrañarían y maullarían un poco por mi pero no era de mi importancia. Iba por las casas caminando con toda la tranquilidad que la noche me ofrecía, veía en los árboles a los pájaros en sus nidos ¡Cómo me gustaría tumbarlos y corretearlos! Pero deseo evitar la fatiga, no sé por qué deseo caminar tanto y en paz.
De repente y en mi paz total una imagen vívida de un alfiler se me aparece en frente, y me dice hola ¡MIAU! Exclamé con gran asombro, menudo susto me dio este alfiler! ¿Pero qué es? No puedo tocarle pero me habla…
Me saluda y le devuelvo el saludo levantando ligeramente mi pata derecha con educación. El alfiler me pregunta hacia donde me dirijo, y yo comento –Mi vida es perfecta, fastidiosa pero perfecta, sólo quiero caminar por los tejados-

Oh es una decisión sabia mi estimado felino, (¡Ya este alfiler me cae bien, posee mucha clase!) caminé hasta cansarme, no tengo ni idea de dónde estoy pero sé que sólo debo caminar hacia atrás para encontrar mi hogar así que no me preocupo.

He llegado a una parte de la ciudad que se ve muy mal, es un contraste chocante con el cómo se ve mi casa, estas de aquí huelen terrible y están hechas de madera y aluminio.

Asomo mi blanca cabeza sobre un patio y veo a un humano golpeando al otro, no me interesa ver esas tonterías humanas por ahora, volteo hacia el otro lado y veo a una camada de gatos que acaba de nacer, qué lindo me concentraré un rato en verles ¿Es acaso triste que no me interesa ver que atacan a otro humano y que si lo haga el ver un montón de gatitos? Tal vez, pero recuerden soy un gato y eso no es de mi incumbencia en ningún sentido.
El alfiler aparece otra vez y me saluda,  le devuelvo el saludo y me dice: Hey hace algo de hambre no?
Yo efusivamente contesto que sí es cierto, tengo algo de hambre, me devolveré a mi casa a comer.
Camino hacia la dirección contraria pero después de unos 10 minutos caminando recuerdo que en algún punto crucé y no recuerdo donde…
¡MIAU! (Mierda) Se me olvidó cómo volver! ¿Qué hago? ¿Qué hago? Nunca he estado aquí ¿Qué hago?
El alfiler me dice ¡Tranquilo! Mira a ese perro, él tal vez sepa a donde ir. ¿Qué? ¿Pero te has vuelto loco? Ni de broma hablaría con semejante gentuza insulza, todos mi pelaje se estremece con que nombres semejante tontería.

El alfiler me muestra sus pequeños ojitos y me dice que no es mal animal, que no juzgue por lo que veo, pero eso es una tontería ¡Claro que se debe juzgar por lo que se ve! Es obvio que es lo que se debe hacer, no hay nada más lógico.

Oh mira! Qué lindo es una burbuja, déjame que yo me distraigo y luego veo si le digo al animal si me colabora dándome indicaciones.
Pasan unos 10 minutos y me aburro de ver la burbuja (Oh qué locura una burbuja que dura 10 minutos eh? Cuánta imaginación tiene mi escritor) Camino y sonrio hipócritamente mientras me acerco al perro.
Hola señor, me podría indicar hacia dónde está el norte de la ciudad?

El cachorro me mira, gira un poco la cabeza como haciendo un gesto de confusión, luego su cerebro llega a la conclusión de que soy bonito y cómo un loco desquiciado comienza a lamer mi cara, me pone los pelos de punta y yo me enfado.

No me toques! Soy un gato ¿Acaso sabes lo que te puede suceder si te metes conmigo? Yo tengo amigos felinos de las altas clases sociales, mis amigos tienen sirvientes que son dirigentes del mundo!

El perro se sienta y me mira con tristeza, y abre su bocota para decirme.

Lo lamento, pensé que eras un amigo

No lo soy, sólo pido que me des ubicaciones para irme a mi casa.

Oh si, tu casa yo sé donde está!

¿Lo sabes?

Si por supuesto paso mucho por allí

Bueno, te pido de favor que me guíes hasta allá, como recompensa te daré un puñado de comida y agua.

El cachorro emocionado me toma por el cuello y comienza a correr, esto es lo más humillante que he pasado en mi vida!

Al rato veo algo parecido a mi casa, pero no lo es, estamos en el barrio de eso estoy seguro, pero mi casa no la veo, el perro confundido me toma otra vez y me lleva hasta un barrio normal, donde hay muchos humanos sentados en esas desgraciadas sillas que pisan mi cola y se mecen de un lado a otro, las odio! 
En mi mente cada vez que las veo digo ¡QUÉMENLAS Y TÍRENLAS AL RÍO! Pero bueno debo decir que mi calma se agota por cada paso y baba que este perro me da.

El perro me llevó a un lugar parecido a un parque para acampar, enojado le pregunto ¡¿Y a dónde me trajiste tonto?!
Amigo? Amigo, yo comer mucha comida y luego llevar a tu destino.
Ughh qué despreciable animal, ¿Cómo terminé con este estúpido perro?
El perro corre hacia un picnic, lo destroza todo y se lleva la canasta la trae hacia mí, me indica que entre y salimos corriendo, esto es lo más fastidioso que he vivido! Decidí dormirme en el trayecto, pensando que el animal me llevaría a mi destino.

Comentarios